Seguimiento
Contactos que pierden el interés mientras estás en el escenario
3 min de lecturapor Raquel Koster Alcaraz

Seguro que te suena. Llevas tres días seguidos sobre un escenario, tienes el móvil en silencio y, mientras tanto, llega un correo de una agencia de eventos que quiere contratarte. No lo ves hasta el viernes por la noche, mientras cenas algo a deshoras. Respondes con entusiasmo. Y resulta que ya han encontrado a otra persona.
No es que gestiones mal tu negocio. Es cuestión de tiempos. Quien busca un ponente o artista suele tener prisa y escribe a varios a la vez. El primero que responde de forma personal y clara lleva mucha ventaja.
Rápido no significa al instante
No hace falta que respondas en cinco minutos. Pero sí en un día laborable y, mejor aún, con algo concreto. Un mensaje breve como: "Qué bien que hayas pensado en mí. Miro mi agenda para el 14 de marzo y mañana antes de las doce te envío una propuesta" hace maravillas. Quien organiza sabe que hay alguien pendiente y, de momento, deja de buscar.
Esa primera respuesta no requiere darle muchas vueltas al contenido. Por eso puedes dejarla en manos de alguien que conozca tu agenda y sepa cómo te expresas.
Tres hábitos que marcan la diferencia
Uno: un solo sitio para todas las solicitudes. Lleguen por tu web, LinkedIn o un amigo de un amigo, apúntalas en una misma lista con la fecha, el nombre y lo que piden. Basta con una lista sencilla, siempre que sea una sola.
Dos: un día fijo para hacer seguimiento. ¿Has enviado un presupuesto y no has vuelto a saber nada? A los cinco días laborables, manda un mensaje amable. Sin presionar, solo para comprobar que todo está claro. Te sorprenderá cuántas veces la respuesta es: "Ah, qué bien que preguntes, justo íbamos a llamarte".
Tres: unas cuantas respuestas tipo que suenen a ti. Una para el primer contacto, otra con tu disponibilidad y un recordatorio amable. Dedícales un rato una vez y después solo tendrás que adaptarlas a cada persona.
¿Y si simplemente no das abasto?
Seamos sinceros: la mayoría de los ponentes ya saben todo esto. El problema no es saberlo, sino que, justo cuando toca hacerlo, estás en un tren, animando una sala o disfrutando por fin de una noche libre. Entonces se queda pendiente, y es de lo más humano.
En esos momentos ayuda que otra persona esté pendiente de la lista y envíe el primer mensaje. Así tú solo te ocupas de la parte divertida: hablar con quien organiza. Un pequeño esfuerzo que a veces acaba en una contratación estupenda. O como diría mi abuela en España: camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.


